El jardín como laboratorio de creación
En un pequeño espacio junto al salón de arte está creciendo uno de los lugares más significativos del proyecto Jardines de Resistencia: Exploraciones Estéticas en la Ruralidad: nuestra huerta experimental.
A primera vista podría parecer
un pequeño jardín escolar. Sin embargo, cuando nos detenemos a observarlo,
descubrimos que en este reducido territorio conviven plantas alimenticias,
aromáticas, medicinales de uso tradicional, ornamentales, flores, cactus y
otras especies que han llegado hasta nosotros de maneras diversas: algunas
fueron sembradas desde semillas, otras llegaron como regalos, intercambios,
trueques o aportes de personas cercanas a la institución.
Junto a las plantas aparecen
también esculturas y objetos realizados por los estudiantes, convirtiendo el
jardín en una instalación artística que continúa transformándose con el tiempo.
Aquí la naturaleza no es solamente un elemento para contemplar: es materia de
investigación, inspiración para dibujar, objeto de observación y punto de
partida para crear.
La huerta funciona como un
verdadero laboratorio de creación. Los estudiantes pueden observar las formas
de las hojas, los colores, las texturas, las semillas, los procesos de
crecimiento y las relaciones entre las diferentes especies. De esta observación
surgen ejercicios de dibujo botánico, pintura, fotografía, escritura,
investigación y creación escultórica.
Una hoja puede convertirse en
un modelo para un dibujo; una semilla puede desencadenar una pregunta; una flor
puede inspirar una composición; una planta puede llevarnos a investigar su
procedencia, sus usos tradicionales o la historia de las personas que la
cultivaron.
De esta manera, la huerta se
convierte en un espacio donde arte y ciencia se encuentran, y donde aprender
significa también tocar, observar, preguntar, cuidar y experimentar.
Hasta el momento hemos
identificado numerosas especies que hacen parte de este jardín:
Plantas aromáticas y de uso tradicional:
Hierbabuena común (Mentha
spicata)
Menta piperita (Mentha ×
piperita)
Romero (Salvia rosmarinus,
anteriormente Rosmarinus officinalis)
Lavanda (Lavandula spp.)
Cidrón (Aloysia citrodora)
Albahaca (Ocimum basilicum)
Orégano (Origanum vulgare)
Pronto alivio (Lippia alba)
Plantas ornamentales y de
interés ecológico:
Girasol (Helianthus annuus)
Gloria de la mañana (Ipomoea
tricolor)
Sábila (Aloe vera)
Panameña (Tradescantia
zebrina)
Corazón de hombre (Peperomia
polybotrya)
Nopal (Opuntia ficus-indica)
San Pedro o wachuma
(Echinopsis pachanoi)
Lengua de suegra (Dracaena
trifasciata, antes Sansevieria trifasciata)
Plantas alimenticias y de
importancia cultural:
Sacha inchi (Plukenetia
volubilis)
Piña (Ananas comosus)
Tabaco (Nicotiana tabacum)
Algodón (Gossypium spp.)
Esta lista continuará
creciendo a medida que nuevas semillas, plantas e historias lleguen al jardín.Cada
planta tiene una historia, y cada historia nos conecta con un territorio.
Etnobotánica: Uno de los conceptos que queremos fortalecer a través de esta experiencia es el de etnobotánica, entendida como el estudio de las relaciones que las comunidades humanas establecen con las plantas.
Las plantas no son únicamente organismos biológicos. A lo largo de generaciones han acompañado la alimentación, la medicina tradicional, las prácticas agrícolas, los rituales, las expresiones culturales, las economías familiares y las formas de relacionarnos con el territorio.
Por eso, investigar una planta
significa también preguntarnos:
¿Quién la sembró? ¿De dónde
viene? ¿Quién nos la regaló? ¿Cómo se utiliza? ¿Qué historias existen alrededor
de ella? ¿Qué personas conocen sus propiedades? ¿Qué lugar ocupa dentro de
nuestra cultura?
La huerta comienza así a convertirse
en una pequeña biblioteca viva de saberes, donde la biodiversidad se encuentra
con la memoria de las comunidades.
Bioculturalidad: Esta
experiencia se relaciona directamente con el concepto de bioculturalidad, uno
de los ejes fundamentales de Jardines de Resistencia.
La diversidad biológica y la
diversidad cultural están profundamente conectadas. Las plantas que cultivamos,
los alimentos que consumimos, los conocimientos que heredamos y las maneras en
que cuidamos la tierra hacen parte de una misma trama.
En nuestro contexto rural y
periurbano, esta relación adquiere especial importancia. La huerta permite que
los estudiantes reconozcan que el territorio que habitan posee conocimientos,
especies, prácticas y memorias que merecen ser observados, investigados y
protegidos.
La huerta como instalación artística
Pero este jardín tiene una
particularidad: también es una obra que está en proceso de creación.
Las esculturas elaboradas por
los estudiantes conviven con las plantas y modifican la percepción del espacio.
Naturaleza y creación humana establecen un diálogo permanente.
De esta manera, la huerta se aproxima a algunos principios del arte ecológico, el land art y las prácticas artísticas contemporáneas vinculadas al territorio: el espacio natural deja de ser un simple escenario y se convierte en parte activa de la obra.
Es una obra viva. Y
precisamente allí reside una de sus mayores riquezas.
Jardines de Resistencia: Nuestra huerta experimental representa, en pequeña escala, una de las ideas centrales de Jardines de Resistencia: crear espacios donde el arte permita volver a mirar aquello que tenemos cerca y que muchas veces dejamos de observar.
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