Cartografías emocionales. Salón de arte contemporáneo juvenil rural GME

El Salón de Arte Contemporáneo Juvenil Rural GME abre nuevamente sus puertas para presentar Cartografías emocionales, una instalación artística que invita a recorrer no solo los caminos físicos que atraviesan nuestros estudiantes cada día, sino también los paisajes afectivos y emocionales que habitan en ellos.

Esta exposición surge como parte del proceso de práctica pedagógica de Laura Jaramillo  Salazar, estudiante practicante de la Licenciatura en Etnoeducación de la Universidad Tecnológica de Pereira, quien acompañó la creación de la muestra y desarrolló el texto curatorial que orienta la experiencia expositiva.

La instalación reúne diversas técnicas y lenguajes del arte contemporáneo, entre ellos el dibujo, la pintura, el dibujo digital, el videoarte, la fotografía y el paisaje sonoro. Cada una de estas expresiones se entrelaza para construir una experiencia inmersiva donde los visitantes pueden acercarse a las formas en que los estudiantes de décimo y once perciben, sienten y habitan su territorio.













Las obras nacen de una pregunta sencilla pero profundamente significativa: ¿Qué sentimos mientras recorremos el camino que nos lleva a la escuela?

A partir de esta reflexión, los estudiantes construyeron mapas personales que registran sus trayectos cotidianos. Sin embargo, estas cartografías no buscan representar únicamente caminos, veredas o lugares geográficos. También registran emociones, recuerdos, encuentros, miedos, alegrías, silencios y experiencias que aparecen durante esos recorridos.

En este sentido, la exposición nos recuerda que el territorio no es solamente un espacio físico. El territorio es también una experiencia emocional, cultural y simbólica. Al recorrerlo, no solo conocemos el lugar donde vivimos: nos reconocemos a nosotros mismos.























Uno de los aspectos más interesantes de la muestra es la manera en que evidencia las dinámicas periurbanas que caracterizan a gran parte de los estudiantes de la institución.

Los recorridos presentados en las obras muestran cómo la vida cotidiana transcurre entre caminos rurales, cultivos, quebradas y montañas, pero también entre carreteras, barrios, medios de transporte, tecnologías y prácticas culturales propias de la ciudad. Esta condición intermedia genera experiencias únicas que influyen en la construcción de la identidad juvenil.

Las cartografías revelan precisamente esas tensiones y encuentros entre diferentes formas de habitar el territorio. Son mapas donde conviven la naturaleza y la infraestructura, la tradición y la contemporaneidad, la memoria rural y las transformaciones culturales del presente.

La exposición también dialoga con uno de los principios fundamentales del proyecto Jardines de Resistencia: la bioculturalidad.

Las emociones expresadas por los estudiantes están profundamente relacionadas con los paisajes que recorren, con los animales que observan, con los cultivos, los bosques, los sonidos del entorno y las relaciones que construyen con otras personas. De esta manera, la naturaleza deja de ser un simple escenario para convertirse en parte activa de la experiencia humana. Las cartografías muestran cómo los territorios moldean nuestras emociones y cómo, a su vez, nuestras emociones transforman la manera en que percibimos el territorio.

Desde el arte contemporáneo, Cartografías emocionales propone una mirada que trasciende la representación tradicional del paisaje. Aquí el dibujo se mezcla con la fotografía, el sonido dialoga con el video y los textos personales se convierten en parte de la obra.

Más que ofrecer respuestas, la instalación abre preguntas sobre la identidad, la memoria, el desplazamiento y la forma en que habitamos nuestros espacios cotidianos. Cada pieza invita al espectador a detenerse, escuchar y reflexionar sobre sus propios recorridos y sobre las emociones que también acompañan sus caminos.

Esta nueva exposición reafirma el papel del Salón de Arte Contemporáneo Juvenil Rural GME como un espacio vivo de creación, investigación y experimentación artística, donde las voces de los estudiantes encuentran formas genuinas de expresarse y dialogar con el mundo.

Porque cada camino guarda una historia, cada territorio contiene una memoria y cada emoción puede convertirse en una obra de arte.

Agradecemos de una manera especial al profesor Leonardo y al profesor Juan David por la colaboración en el montaje y en la edición del paisaje sonoro. MUCHAS GRACIAS


TEXTO CURATORIAL: 

¿Por qué cartografías?

Necesitábamos una herramienta que permitiera a los estudiantes ubicarse en el espacio y, al mismo tiempo, ubicar lo que sienten. La cartografía fue la respuesta.

Un mapa sirve para orientarse, marcar distancias, reconocer el territorio. Pero también es una superficie donde se decide qué mostrar y qué dejar fuera. Eso mismo ocurre con las emociones: no todas se ven a simple vista, no todas pesan igual. -Hacer un mapa es tomar una decisión sobre lo que importa-.

¿Qué se cartografió?

Los estudiantes de décimo y undécimo grado construyeron tres cartografías:

Primero, las cartografías del entorno: mapas artísticos de Altagracia. Aquí no solo trazaron calles, ríos y cultivos. Señalaron los lugares donde sienten miedo, calma, rabia. El territorio se volvió emocional.

Segundo, las micro cartografías: sus habitaciones. Dibujaron la cama, la ventana, los rincones. Mostraron dónde se esconden, dónde sueñan. La habitación como el único lugar donde no necesitan fingir.

Tercero, las constelaciones emocionales. Partieron de su propia constelación astrológica, dibujaron sus luces y sombras. Entendieron que no hay etiquetas buenas o malas, sino rasgos que se conectan. Estas constelaciones trazan caminos internos y revelan que todo, en cada uno, está hilado.

Esta exposición cierra una práctica pedagógica centrada en la inteligencia emocional. El arte se convirtió en el medio para nombrar lo que la palabra calla. Aquí, los estudiantes dejan de ser espectadores y se vuelven cartógrafos de su propia existencia.

Una fotografía grupal preside el espacio. De ella se desprenden hilos que conectan con cada cartografía. Esa red de hilos es el enlazamiento entre el arte y el sentir. La metáfora de la comunidad: ningún mundo interior está aislado.

Cartografías emocionales es también un acto de resistencia. En un contexto donde la juventud suele ser silenciada, estas obras se levantan como prueba de que el aula puede ser un laboratorio de creatividad.

Al cruzar esta sala, usted no solo observa el arte de una institución rural. Se asoma a las preguntas, los miedos y las esperanzas de una generación que aprende a gobernar su mundo interior para salir al encuentro con el futuro.                                                                         

 

Laura Jaramillo Salazar

Estudiante practicante de la Licenciatura en Etnoeducación. UTP




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