Salida pedagógica a la FERRO
En el marco de los procesos pedagógicos y artísticos desarrollados con el grupo de posprimaria de la institución educativa Gonzalo Mejía Echeverry, vivimos una experiencia profundamente significativa en La Ferro, un espacio de transformación cultural ubicado en la ciudad de Pereira que hoy se ha convertido en símbolo de resiliencia, memoria y creación colectiva.
Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue la conversación con Danilo, uno de los creadores y gestores de La Ferro, quien compartió con nosotros la historia del barrio Nacederos: un territorio que anteriormente estuvo marcado por la violencia y la inseguridad, pero que gracias al arte, la organización comunitaria y las tomas culturales ha logrado resignificarse hasta convertirse en un referente nacional de transformación social y estética.
Escuchar cómo el arte logró abrir caminos distintos para los
jóvenes del sector permitió que muchos de nuestros estudiantes se sintieran
identificados y comprendieran que los territorios —al igual que las personas—
también pueden sanar, cambiar y florecer.
Durante el recorrido, los estudiantes conocieron murales, relatos comunitarios y procesos artísticos que hoy hacen de La Ferro un espacio visitado por artistas nacionales e internacionales. Además, tuvieron la oportunidad de realizar ejercicios de graffiti y acercarse al arte urbano como una herramienta de expresión, identidad y resistencia.
Esta experiencia dialoga profundamente con los procesos que venimos trabajando en el aula desde las emociones, la sensibilidad y el reconocimiento del otro. Por ello, agradecemos especialmente a Laura, estudiante de la Universidad Tecnológica de Pereira, quien nos acompañó durante la jornada y ha sido parte fundamental de este trabajo pedagógico y emocional desarrollado con el grupo.
También extendemos un agradecimiento muy especial a José
Luis, docente de apoyo, por su acompañamiento, disposición y compromiso durante
toda la salida pedagógica, siendo una presencia fundamental para el bienestar y
desarrollo de la experiencia.
Y, por supuesto, agradecemos profundamente a los estudiantes de posprimaria, quienes asumieron esta visita con respeto, sensibilidad y una actitud admirable. Su comportamiento estuvo a la altura de la ocasión y permitió que la experiencia se viviera de manera armónica, reflexiva y enriquecedora para todos.
Finalmente, gracias infinitas a La Ferro por abrirnos sus puertas, por compartir su historia y por recordarnos que el arte sí puede transformar los territorios, las comunidades y también las vidas.
Porque allí, entre colores, murales y memorias, comprendimos que el arte no solo se observa: el arte también se habita, se siente y se convierte en una posibilidad de resistencia y esperanza.

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